Una unión monetaria representa una desnacionalización de las monedas y nunca antes se había realizado, al menos de forma consensuada voluntariamente a través de acuerdos políticos mayoritarios. El imperio español estableció el escudo de oro como moneda única europea en el s.XVI. En términos sencillos, el escudo realizaba las funciones del dólar después de la segunda guerra mundial. Era la moneda patrón mundial. Cuando el imperio español, por cierto, basado en el poder militar de la izquierda española, desapareció, el escudo siguió el mismo camino.
Se podría decir que dicha moneda única no representaba ningún beneficio europeo o ventaja comercial ya que si el escudo hubiera supuesto mayor bienestar, los paises bajo el dominio español, lo hubieran conservado, devaluado o modificado. Sin embargo, no fue así. Una moneda única por alguna razón no supone un aumento del bienestar.
Esencialmente la razón de todo descansa en el valor del dinero. El dinero en cada país tiene diferente valor en función de dos variables, el volumen comercial y el nivel de precios. Para que una unión monetaria tuviera éxito la relación anterior tendría que ser constante e igual en todos los países. Si, por ejemplo, Alemania tiene un volumen comercial igual a dos veces al de España y mismo nivel de precios, el valor del euro alemán será siempre superior.
Todas las variables que afectan a los precios, base monetaria, productividad, nivel salarial, progreso técnico etc. modificarán el valor real del dinero dentro de cada país. Y todas las políticas económicas encaminadas a aumentar el volumen de mercancias intercambiadas, también modificarán su valor. El control de la inflación tiene por objeto conseguir una uniformidad de precios europeos. Sin embargo, el control de los precios sólo es una de las variables relacionadas con el valor del dinero.
El dinero se mueve desde lugares en los que vale poco hacia lugares en el que su valor es relativamente mayor o superior. En una CEE en la que existe libre circulación de bienes y de capitales, el dinero puede moverse sin restricciones. El progreso técnico por sí mismo hace aumentar el valor del dinero al disminuir los costes y precios de los productos finales. Las tasas de crecimiento de un país con respecto a otro también modificarán el valor del dinero. Si el volumen comercial disminuye por la recesión, el dinero perderá algo de su valor.
La unión monetaria basada en un único valor del dinero, en este caso, el euro, se irá resquebrajando y esta ruptura o gaps entre los valores reales, se irán trasladando a las balanzas de pagos nacionales.
Por fin tenemos euros que representan valores diferentes en cada país miembro de la UE y también una cotización internacional del euro con respecto a otras monedas del resto del mundo. Si un japonés compra algo en España y paga con euros, tendrá que utilizar el tipo de cambio internacional del euro con respecto al yen. Esta medida ofrece una información confusa ya que el euro mide un valor medio. Si compra "spanish" no surgirá ningún problema a corto plazo pero si compra un bien que venden varios países, la maximización de utilidad le llevará a comprar allí donde el euro sea más valioso.
La moneda única carece de ventajas comerciales relacionadas con la balanza de pagos y produce conflictos al desequilibrar el tipo de beneficio medio y distanciar los tipos de interés entre los mercados. La cotización del euro representa un valor medio que podría estar por encima o por debajo del valor del euro en cada país.
Doy por finalizada esta entrada. 25 de Mayo 2013
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